El Congreso de España y el reconocimiento de Palestina como Estado: perspectivas

El pasado 18 de noviembre, el pleno del Congreso de España adoptó una resolución mediante la cual “insta” al Poder Ejecutivo a reconocer a Palestina como Estado

Nicolás Boeglin * redazione • 22/11/2014 • Global Rights • 1289 Viste

El pasado 18 de noviembre, el pleno del Congreso de España adoptó una resolución mediante la cual “insta” al Poder Ejecutivo a reconocer a Palestina como Estado. La votación logró, según reportes de prensa, el siguiente resultado: 319 votos a favor, una abstención y dos votos en contra.

Las casi dos horas de discusión previa a la adopción del texto están disponible en Youtube (ver enlace ) y permiten dar una idea de las distintas versiones del texto que circularon así como del esfuerzo realizado por los partidos políticos españoles para consensuar una versión aceptable para todos. Cabe saludar la gran prudencia de varios congresistas así como las muestras de solidaridad externadas a civiles israelíes, al coincidir la discusión sobre este tema en Madrid con el asesinato de cinco personas en una sinagoga de Jerusalén pocas horas antes.

Un renovado dinamismo parlamentario

El Poder Legislativo de España se convierte así en el tercer parlamento en Europa, después del Parlamento del Reino Unido y el de Irlanda, en adoptar resoluciones de esta naturaleza en poco más de un mes. Se trata de un mecanismo inusitado para proceder al reconocimiento unilateral de un Estado, el cual usualmente es parte del margen de maniobra discrecional del que dispone el Poder Ejecutivo en el ejercicio de sus atribuciones.

Es posible que esta “innovación” de estos parlamentos nacionales guarde relación con la extraña sensación de incapacidad del Ejecutivo para liberarse de algún tipo de presión que le impida proceder a este reconocimiento. El reconocimiento de un Estado por otro Estado constituye un gesto relativamente simple de realizar, como todo acto jurídico unilateral de un Estado. Se plasma en una declaración oficial que no requiere mayor exigencia adicional que su publicidad. En el caso del reconocimiento de Palestina, presiones de unos, amenazas de otros, y temores de algunos otros basándose en una batería (ya conocida) de argumentos para posponerlo parecieran hacer a un lado el hecho que son ya, con Suecia, 134 Estados en todo el mundo los que han contado con la firme voluntad política de sus mandatarios para hacerlo. Es posible que los argumentos oídos por parte de Israel luego del gesto de Suecia de hace unas semanas recuerde los argumentos oídos en Costa Rica en febrero del 2008  (Nota 1) y en varios de los Estados que se han inclinado por Palestina en los últimos años.

A diferencia del caso irlandés en el que no hubo necesidad de recurrir a un voto, el caso británico y el caso español coinciden en algo: la inusitada contundencia del voto obtenido. La del Parlamento británico realizada el pasado 13 de octubre reunió  274 votos a favor y 12 en contra, mientras que la del Parlamento español 319 votos a favor, una abstención y dos votos en contra. Ambos ejercicios evidencian una señal muy clara que posiblemente tenga a las autoridades israelíes un tanto preocupadas: en particular en cuanto a la actitud a adoptar y el tono de voz a escoger. Se puede afirmar que, lejos de simples actos “simbólicos” (como lo titula por ejemplo el New York Times con relación al voto del Parlamento británico), la decisión prácticamente unánime de los parlamentarios tiene un alcance mucho mayor: políticamente, el mensaje es de una nitidez absoluta. Al parecer, ha iniciado una intensa discusión en círculos parlamentarios europeos de cara a sus electores, a las bases de su partido, y, en general, de cara a la opinión pública, con posibles efectos colaterales. Por ejemplo, Francia se apresta a un ejercicio muy similar en los próximos días y ya diputados de otros parlamentos han externado la posibilidad de acompañar al movimiento. En el caso de Francia, declaraciones hechas a inicios de octubre del 2014 desde el mismo Ejecutivo a través del vocero del Quai d´Orsay indicaban que París podría en algún futuro inclinarse en favor de Palestina (ver nota  de Le Matin). Más allá de las ambigüedades de la expresión “il faudrait bien à un moment reconnaître” usada por el vocero de la diplomacia francesa (la cual dio pié para una cobertura mediática inusual en Francia y fuera de ella), y de la posible maniobra de un Ejecutivo bajo presión como el francés, el debate sobre el reconocimiento de Palestina se ha intensificado en Francia en las últimas semanas y días.

El gesto de España:

El parlamento de Galicia en mayo pasado había puesto a prueba la sensibilidad de los representantes de Israel en España, al adoptar una modesta resolución en señal de solidaridad con el pueblo palestino: los diplomáticos de Israel no dudaron en  considerar oportuno denunciar el hecho como de extrema gravedad, señalando que ”Con esta exigencia, el Parlamento de Galicia se une a los peores y más extremistas enemigos de Israel” (ver nota de prensa).

Más allá del estridente tono de voz usado cada cierto tiempo por los diplomáticos israelíes, y al que nos hemos venido acostumbrando, la votación española acaecida el pasado 18 de noviembre no ha dado (aún) lugar a actitudes airadas de este tipo por parte de los representantes oficiales de Israel en España. Sobre la declaración del Congreso en sí, la embajada de Israel en España indicó  (ver enlace) que: “La declaración del Congreso de los Diputados de España aleja las posibilidades de alcanzar un acuerdo entre Israel y los palestinos, ya que anima a los palestinos a tomar posiciones extremistas”.   Y es que esta acción del Congreso español tiene lugar pocas semanas después del reconocimiento hecho por Suecia a Palestina como Estado, el pasado 30 de octubre, y que tuvimos la oportunidad de analizar con mayor detalle (ver nota ). Se da de igual manera un mes después de la elección de España, como Miembro no Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (realizada el 16 de octubre del 2014): este órgano discutirá, entre muchos otros asuntos, un proyecto de origen francés para reglamentar el uso del veto por parte de los Miembros Permanentes en caso de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad (ver nota de Le Monde): como bien se sabe – y así lo analizamos en una nota anterior publicada en Derechoaldia –  el derecho penal internacional es un ámbito del derecho internacional que tiene profundamente preocupado a Israel y a su socio protector norteamericano. El depósito por Palestina el 21 de enero del 2009 de una declaración de aceptación de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI) fue considerada por el servicio jurídico del ejército israelí como una nueva forma de terrorismo: el «terrorismo legal» (Note 2).  La discusión en el Congreso de España se sitúa además a pocas semanas de la adopción (probable) de un proyecto de ley para conceder la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España  (ver texto del proyecto de ley).

A penas conocido el resultado de la votación, el gesto del Congreso español fue elogiado por las autoridades palestinas, indicando además el papel decisivo que podría jugar España en un futuro, tal como se puede apreciar en esta breve nota. La lectura de un articulo sobre la misma noticia publicado por El Pais (España) desmenuza por su parte los distintos cambios hechos al borrador inicial presentado por la oposición socialista española, incluyendo la supresión de un tercer párrafo que tenía, según parece, sumamente inquietas a las autoridades de Israel, tal como lo indica este medio español. Fue retirado a petición expresa del Palacio de la Moncloa (palacio en el que reside el Presidente del Gobierno español), según reporta el influyente matutino madrileño (un medio usualmente bien informado).

Posibles perspectivas:

Las declaraciones de altos funcionarios israelíes plasmadas en un sinfín de artículos que recoge la prensa internacional en estas últimas semanas apuntan todas a evidenciar el profundo temor de Israel con relación a las repercusiones que pueda tener el gesto de Suecia en los demás Estados miembros de la Unión Europea. Posiblemente asistamos ahora a una actitud similar (pero más discreta) con respecto a lo ocurrido en España, dada la dinámica muy peculiar que generan los círculos parlamentarios en Europa (con incluso posibles ramificaciones fuera del viejo continente).

A modo de reflexión sobre este delicado proceso que parece haber iniciado Suecia en el seno de la Unión Europea, nos permitimos citar de manera textual el planteamiento hecho por el ex canciller de Costa Rica, Bruno Stagno (2006-2010) expresado en una conferencia dictada en Montevideo durante una reunión auspiciada por las Naciones Unidas (texto disponible aquí ). La solidez del argumento posiblemente haya inspirado a muchas cancillerías en América Latina y también fuera de ella: “En 1947, Costa Rica, al igual que otros 12 países de América Latina y el Caribe, apoyó la resolución 181 (II) de la Asamblea General sobre el Plan de Partición del Mandato Británico de Palestina. En esa ocasión formamos parte de los 33 países que reconocieron tempranamente que la coexistencia de dos Estados se imponía como la peor solución, con excepción de todas las demás. Desde entonces hemos visto pasar una tragedia tras otra, incluyendo guerras e intifadahs, asesinatos y atentados, afectando seriamente el derecho a vivir sin miedo de ambos pueblos. Paralelamente, y sin un claro calendario estacional, hemos visto germinar las promesas y esperanzas generadas por diversos procesos de paz, sin lograr aún la cosecha de los dividendos de paz. Ha sido tierra fértil para dobles raseros, para intereses ajenos, y para una triste reiteración de eventos que postergan el cumplimiento del mandato acordado en 1947”. El planteamiento podría tal vez también inspirar a parlamentarios en busca de argumentos: la resolución 181 (II) constituye, como bien se sabe, el título jurídico sobre el que se basa la existencia de Israel como Estado, desde la perspectiva del derecho internacional.

La reciente reacción de América Latina

Notemos que, a diferencia de la operación militar israelí en Gaza de diciembre del 2008 (con un saldo de 14 muertes israelíes y más de 1400 muertes palestinas), la reciente ofensiva en Gaza dio lugar a vigorosas y enérgicas condenas por parte de varios Estados de América Latina (con calificativos de sus mandatarios tales como « acto de locura », « genocidio », « masacre », objetos de una interesante sistematización  recientemente publicada por la Universidad Nacional – UNA – en Costa Rica); y que varios de estos mismos Estados, en señal de repudio, recurrieron a la técnica diplomática de la llamada a consulta a sus embajadores, finalizando el mes de julio del 2014. Poco más de un mes después, el saldo en vida humanas de esta ofensiva israelí realizado por la Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas  (ver informe al 4 de septiembre del 2014) era de 71 muertes israelíes (que incluyen las de 4 civiles y 66 militares) y de 2131 muertes palestinas (de las cuales 1531 corresponden a civiles, entre los cuales 501 niños y 257 mujeres).

A diferencia de otros continentes, América Latina pudo alzar la voz con mucha mayor vehemencia con ocasión de estos ataques tan desproporcionados como indiscriminados  del ejército de Israel contra la población civil palestina, y que están interesando a expertos de Naciones Unidas en crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. El Consejo de Derechos Humanos aprobó en julio la creación de una comisión de investigación que tuvimos la ocasión de analizar en Tribuglobal (ver nota).

Conclusión:

Tal y como lo recordábamos hace unos días en nuestro breve análisis antes mencionado, el reconocimiento de Palestina como Estado por parte de Costa Rica de febrero del 2008 (así como las razones políticas y jurídicas para fundamentarlo), dieron pié para que prácticamente toda América Latina procediera de la misma manera en los años subsiguientes. A la fecha únicamente se mantienen Colombia, México y Panamá en la región sin haberlo hecho, y es posible que en algunos de estos tres Estados, algunos de sus parlamentarios se inclinen por inspirarse en los logros recientes obtenidos por sus homólogos europeos.

El próximo 29 de noviembre se celebrará en todo el mundo el  Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino declarado como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1977, precisamente en conmemoración del día en que se adoptó la antes mencionada resolución 181 (II) de 1947. Es muy probable que en Estocolmo, en Londres, en Madrid y en París ondeen más banderas palestinas que de costumbre. Así como en el resto de Europa y del mundo.

 

 Notas

 Nota 1: La reacción israelí al reconocimiento del Estado palestino por parte de Costa Rica de febrero del 2008 se lee así: “Establecer relaciones con Estado que no existe compromete el desarrollo de los acuerdos definidos entre israelitas y palestinos, va en contra de la Hoja de Ruta, actividades del Cuarteto y otros esfuerzos para la paz. Estos acontecimientos van en contra de los acuerdos, incluso, de la comunidad internacional y, podrían dañar los esfuerzos para alcanzar la paz entre ambas partes” » (La Prensa Libre -Costa Rica- del 28/02/2008, entrevista a Ehud Eitam, embajador de Israel en Costa Rica).

Nota 2: Véase FERNANDEZ J., La politique juridique extérieure des Etats- Unis à l´égard de la Cour Pénale Internationales, Paris, Pedone, 2010, p. 325. Declaraciones  del jefe de la delegación norteamericano David Scheffer después de la conferencia de Roma de julio de 1998 revisten desde esta perspectiva cierto interés: « En ce qui concerne Israël enfin, David Scheffer reconnut après Rome que la délégation américaine avait endossé la crainte d´Israël d´être victime d´accusations devant la future Cour en raison de sa politique dans les territoires occupés » (p. 172).

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*  Nicolás Boeglin es Profesor de Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, Universidad de Costa Rica (UCR)

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